| Cuevas de Altamira, Museo Tiflológico ONCE |
Georges Henri Rivière, uno de los museólogos más destacados del siglo XX (cofundador, junto a Paul Rivett, del Museo del Hombre de París,
por citar sólo un ejemplo), decía que “el éxito de un museo no se mide
por el número de visitantes que recibe, sino por el número de visitantes
a los que ha enseñado alguna cosa”. Si hiciéramos caso de esta cita, el
Museo Tiflológico de la ONCE, sería uno de los más importantes del mundo.
El proyecto, “una ilusión”, como lo describe Ignacio Escanero Martínez, Director del Centro Bibliográfico y Cultural de la ONCE,
en la guía del museo (ONCE, 1998), nace con el objetivo de que “las
personas carentes de visión pudieran percibir, a través del tacto, la
caricia de la genialidad artística”. Pero también es un museo dirigido a
las personas que no tienen defectos visuales. “En una sociedad diseñada
para las mayorías”, como la describe Escanero, la empatía, esa
capacidad humana para ponernos en lugar del otro, es la principal
enseñanza que recibimos en este museo.
| Reproducción Taj Mahal, Museo Tiflológico ONCE |
El recorrido por el Museo Tiflológico (del griego tiflos, ciego y logia, tratado o estudio) lo comenzamos por la sala de reproducciones:
se trata de maquetas a escala de los principales monumentos nacionales e
internacionales. El visitante puede recorrer con sus dedos los perfiles
de las catedrales de Burgos o Santiago, el techo de la sala principal
de las Cuevas de Altamira, la Estatua de la Libertad, el Partenón y los
relieves de su friso, el Taj Mahal o la Torre de Pisa. El museo pone a
disposición de los visitantes dos sistemas para facilitar el disfrute de
las obras: la audio-guía, que orienta el recorrido y lo describe, y la
guía con macrotipos (letras de mayor tamaño) y sistema braille.
| El Quijote, José Mª Prieto Lago |
Continuamos por la sala de exposiciones, donde
encontramos obras de artistas ciegos y deficientes visuales. Algunas
forman parte de la colección permanente, como las del escultor sordo-ciego José María Prieto Lago, de un altísimo valor artístico, y otras de exposiciones temporales.
“El criterio fundamental de selección es la accesibilidad de la obra a
las personas ciegas o deficientes visuales graves”, explica Miguel
Moreno, coordinador del museo; las fotografías y pinturas que también se
exponen son obra de artistas asociados a la ONCE, artistas invidentes o
con deficiencias visuales graves, aquéllos que aun conservando algún
resto de visión, tienen prácticamente las mismas dificultades y
desventajas socio-laborales que un invidente.
Finalmente, nos espera la sala de material tiflológico,
donde se recogen todas las piezas que ayudaron (y ayudan) a los ciegos a
acceder a la educación y la cultura a lo largo de los años. Máquinas de
escritura Braille y de otros sistemas diferentes, calculadoras
adaptadas, máquinas de taquigrafía… También encontramos una colección
histórica de los cupones que las diferentes asociaciones (las primeras,
en la década de los cuarenta del siglo XX), incluida la propia ONCE, han
ido ofreciendo a lo largo del tiempo. La venta del cupón sigue siendo
la principal fuente de ingresos para la ONCE. En cuanto a material
pedagógico destaca un enorme mapa geográfico de España, en el que los
alumnos ciegos de un profesor alicantino, Francisco Just i Valentí,
aprendían Geografía en 1879. “No hay mejor política cultural que una
buena y adecuada política educativa; debemos intensificar nuestra
atención a favor de quienes están en desventaja”, escribía Esperanza
Aguirre en la presentación de la guía del museo, en 1998, como Ministra
de Educación y Cultura.
| Mapa de Francisco Just i Valentí, Museo Tiflológico ONCE |
Todo el museo está adaptado para todo tipo de
personas, desde las rampas de acceso a la iluminación. Los suelos están
enmoquetados en las zonas de exposición, permitiendo así evitar
cualquier obstáculo y la iluminación es especial, sin brillos ni
reflejos que dificulten la percepción a las personas que conservan algún
resto de visión.
El horario de visitas del Museo Tiflológico de la
ONCE es de 10 á 14 horas, de martes a sábado, y de 17 á 20 horas, de
martes a viernes. La entrada es gratuita: basta con presentar el DNI o
el pasaporte aunque, como recuerda Miguel Moreno,
“si nos enseñan el cupón, sonreímos aún más”. Está ubicado en Madrid,
en la Calle de La Coruña nº 18, a menos de 2 minutos de la estación de
Metro de Estrecho, y a la misma distancia de la Calle de Bravo Murillo,
por la que discurren gran cantidad de autobuses.
“Un museo para ver y tocar”, eso es el Museo
Tiflológico de la ONCE. Y también es un museo para aprender, empatizar,
integrar y normalizar. Y por supuesto, un museo en el que disfrutar,
sentir y conmoverse con el arte.
* Todas las imágenes que acompañan este artículo proceden de la web del Museo Tiflológico de la ONCE
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