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viernes, 22 de marzo de 2013

Un museo para ver y tocar

Cuevas de Altamira, Museo Tiflológico ONCE
Georges Henri Rivière, uno de los museólogos más destacados del siglo XX (cofundador, junto a Paul Rivett, del Museo del Hombre de París, por citar sólo un ejemplo), decía que “el éxito de un museo no se mide por el número de visitantes que recibe, sino por el número de visitantes a los que ha enseñado alguna cosa”. Si hiciéramos caso de esta cita, el Museo Tiflológico de la ONCE, sería uno de los más importantes del mundo.

El proyecto, “una ilusión”, como lo describe Ignacio Escanero Martínez, Director del Centro Bibliográfico y Cultural de la ONCE, en la guía del museo (ONCE, 1998), nace con el objetivo de que “las personas carentes de visión  pudieran percibir, a través del tacto, la caricia de la genialidad artística”. Pero también es un museo dirigido a las personas que no tienen defectos visuales. “En una sociedad diseñada para las mayorías”, como la describe Escanero, la empatía, esa capacidad humana para ponernos en lugar del otro, es la principal enseñanza que recibimos en este museo.
Reproducción Taj Mahal, Museo Tiflológico ONCE

El recorrido por el Museo Tiflológico (del griego tiflos, ciego y logia, tratado o estudio) lo comenzamos por la sala de reproducciones: se trata de maquetas a escala de los principales monumentos nacionales e internacionales. El visitante puede recorrer con sus dedos los perfiles de las catedrales de Burgos o Santiago, el techo de la sala principal de las Cuevas de Altamira, la Estatua de la Libertad, el Partenón y los relieves de su friso, el Taj Mahal o la Torre de Pisa. El museo pone a disposición de los visitantes dos sistemas para facilitar el disfrute de las obras: la audio-guía, que orienta el recorrido y lo describe, y la guía con macrotipos (letras de mayor tamaño) y sistema braille.

El Quijote, José Mª Prieto Lago
Continuamos por la sala de exposiciones, donde encontramos obras de artistas ciegos y deficientes visuales. Algunas forman parte de la colección permanente, como las del escultor sordo-ciego José María Prieto Lago, de un altísimo valor artístico, y otras de exposiciones temporales. “El criterio fundamental de selección es la accesibilidad de la obra a las personas ciegas o deficientes visuales graves”, explica Miguel Moreno, coordinador del museo; las fotografías y pinturas que también se exponen son obra de artistas asociados a la ONCE, artistas invidentes o con deficiencias visuales graves, aquéllos que aun conservando algún resto de visión, tienen prácticamente las mismas dificultades y desventajas socio-laborales que un invidente.

Finalmente, nos espera la sala de material tiflológico, donde se recogen todas las piezas que ayudaron (y ayudan) a los ciegos a acceder a la educación y la cultura a lo largo de los años. Máquinas de escritura Braille y de otros sistemas diferentes, calculadoras adaptadas, máquinas de taquigrafía… También encontramos una colección histórica de los cupones que las diferentes asociaciones (las primeras, en la década de los cuarenta del siglo XX), incluida la propia ONCE, han ido ofreciendo a lo largo del tiempo. La venta del cupón sigue siendo la principal fuente de ingresos para la ONCE. En cuanto a material pedagógico destaca un enorme mapa geográfico de España, en el que los alumnos ciegos de un profesor alicantino, Francisco Just i Valentí, aprendían Geografía en 1879. “No hay mejor política cultural que una buena y adecuada política educativa; debemos intensificar nuestra atención a favor de quienes están en desventaja”, escribía Esperanza Aguirre en la presentación de la guía del museo, en 1998, como Ministra de Educación y Cultura.

Mapa de Francisco Just i Valentí, Museo Tiflológico ONCE
Todo el museo está adaptado para todo tipo de personas, desde las rampas de acceso a la iluminación. Los suelos están enmoquetados en las zonas de exposición, permitiendo así evitar cualquier obstáculo y la iluminación es especial, sin brillos ni reflejos que dificulten la percepción a las personas que conservan algún resto de visión.

El horario de visitas del Museo Tiflológico de la ONCE es de 10 á 14 horas, de martes a sábado, y de 17 á 20 horas, de martes a viernes. La entrada es gratuita: basta con presentar el DNI o el pasaporte aunque, como recuerda Miguel Moreno, “si nos enseñan el cupón, sonreímos aún más”. Está ubicado en Madrid, en la Calle de La Coruña nº 18, a menos de 2 minutos de la estación de Metro de Estrecho, y a la misma distancia de la Calle de Bravo Murillo, por la que discurren gran cantidad de autobuses.

“Un museo para ver y tocar”, eso es el Museo Tiflológico de la ONCE. Y también es un museo para aprender, empatizar, integrar y normalizar. Y por supuesto, un museo en el que disfrutar, sentir y conmoverse con el arte.


* Todas las imágenes que acompañan este artículo proceden de la web del Museo Tiflológico de la ONCE

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